
::: ENDSTILLE + GOD DETHRONED + HOLLENTHON EN BARCELONA (Sala Mephisto, 30/10/2009) :::
Texto: Vic Granell
Fotos: Vic Granell
Completo paquete de bandas en una gira a la que, teniendo en
cuenta la coyuntura económica y el alud de conciertos de
este otoño, no se le preveía un éxito rotundo en el Estado
Español. Grupos que en el contexto europeo tienen un peso
destacable, aquí son poco conocidas y aún menos priorizadas
a la hora de decidir a qué bolo dedicas tus escasos ingresos
o ahorros. Menos de veinte personas esperábamos en la puerta
de Mephisto la apertura de puertas, algo tardía respecto a
lo que anunciaba la entrada.
Unos minutos más tarde, ante alrededor de una cincuentena de
personas, los vieneses Hollenthon aparecieron en escena
proyectando la mayor sorpresa de la noche. Tras un primer
tema y una pequeña introducción, el grupo interpretó Woe to
the Defeated, del With Vilest of Worms to Dwell,
convenciendo cada vez más e un público que se iba entregando
con cada nuevo detalle de su música. Con su death metal
sinfónico / melódico pero un sonido algo dudoso ofrecieron
excelentes composiciones con una dinámica muy bien resuelta
y una fantástica combinación de instrumentos. Cambios de
ritmo y tempo; dobles melodías entre ambos guitarristas
precediendo a secciones más potentes; partes con sólo
batería, bajo y pregrabaciones épicas; paradas bien
colocadas, etc. Un toque árabe teñía una parte de las
secciones melódicas (como en Homage, del primer álbum de la
banda), así como un cierto ritmo marcial en algunas intros.
Martin Schierenc combinó voz limpia y gutural con buen
resultado (un buen ejemplo fue el title track de su último
trabajo, Tyrants and Wraiths), aunque preferimos la crudeza
de los gritos de Gregor Marboe al bajo. Las secuencias
orquestales, coros y demás quedaron enterradas en el
imaginario colectivo, y también, aunque en menor medida, las
melodías del guitarrista solista. Con tres discos de larga
duración (el primero editado en 1999) y un EP, la propuesta
de Hollenthon nos pareció de lo más convincente pero no
recompensada en nuestro país.
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God Dethroned son un pequeño clásico del death / black metal
holandés que empezaron sus andaduras en 1991. Con una
formación mixta (una mujer, Susan, a las siete cuerdas), nos
regalaron una colección de riffs poderosísimos, doble bombo
continuo a altas velocidades y tempos desde el medio tiempo
al frenetismo. Con su invariable y agudo gutural, el
fundador Henri Sattler interpretó un tremendamente estático
pero musicalmente correcto papel de frontman, arrancando de
las cuerdas y de la panca de trémolo de su Ibanez algún solo
puntual rápido y técnico, pero sin demasiado sentido
melódico (que nos recordó en parte a Slayer). Algunas
melodías coreadas entre ambos guitarristas, unos pocos solos
simples (pero contrastantes con los del vocalista) por parte
de Susan Gerl y diálogos de guturales Sattler y el bajista
Henke Zinger. Excelente blast beat a manos del batería Roel
Sanders y, en general, un concierto contundente y preciso,
si bien lejos de los matices que nos ofrecieron Hollenthon.
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Siguiendo un orden decreciente de complejidad compositiva,
Endstille cerraron el cartel de la velada, subiendo al
pequeño escenario de la mítica Mephisto con corpse paint (excepto
el batería Mayhemic Destructor) y un vocalista de sesión y
de reciente incorporación, luciendo visibles cortes y sangre
sobre su torso antes de soltar un grito. Con una carrera
mucho más reciente que los anteriores, aunque probablemente
más intensa (han sacado casi un disco al año desde 2001, uno
después de crearse la banda), esta formación de black metal
causa furor en Europa y es probablemente la más importante
del estilo en su país de origen, Alemania. De hecho, en el
pasado Summer Breeze de 2009, si un grupo llenaba un mayor
número de camisetas de los y las asistentes, era este. Aquí,
un grupo minoritario, que generó no obstante bastante
expectación con su actuación entre los pocos fans que allí
se congregaron. Si hasta entonces no había habido mucho
teatro ni comunicación extramusical con el público, desde
Dominanz, el cantante Lugubrem llenó el escenario con su
puesta en escena hipnótica y sanguinaria. Tras unos pocos
temas, éste sacó de su bolsillo un cuchillo y cortó su
lengua, escampando gotas de su fluído por toda la tarima.
Con su español con acento alemán, el frontman fue
introduciendo tema tras tema. Muñequeras con púas de palmo y
una imagen de completa destrucción que quitó a la música de
los de Kiel ese punto atmosférico que tanto nos gustó de
ellos en sus CDs. Una sólida batería continua, con redobles
y algunos golpes interesantes a los platos (jugando con el
hi-hat abierto, por ejemplo, algo no muy común en el black
metal). Acordes a púa y contrapúa a las guitarras, con un
matiz curioso: Wachtfels lo hacía a la corchera del tempo,
mientras el guitarrista de sesión Nocturnal Overlord lo
hacía a semicorcheras y, en ocasiones, el bajista Cruor
tocaba 8 notas por tiempo (fusas), creando la textura
atmosférica que tan buen resultado da en sus trabajos de
estudio, pero que, a nuestro gusto, se pierde ligeramente
con la nada novedosa puesta en escena de la banda. Aparte
del ritmo, poco trabajo más había en la división entre
instrumentos de cuerda, de los que sonaban básicamente los
mismos acordes entre ellos. Hemos tardado una semana en
volver a escuchar al grupo en casa, no por una mala
interpretación de sus temas en directo, sino porque quizá
esta cansina actitud (característica del género desde sus
orígenes, sin duda) teatral eclipsó una música que, aunque
simple, funciona. Incluímos una foto del setlist que un
roadie nos ofreció pero cedimos amablemente ante el peligro
de contagio de alguna enfermedad del Mar del Norte.
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