
::: PORCUPINE TREE + STICKMEN EN BARCELONA (Sant Jordi Club, 23/11/2009) :::

Texto: Vic Granell
Videos: YouTube
Empezamos mal. Nuestra cámara no supera el control de
seguridad y, tras un baile entre la lejana taquilla y la
entrada, parece que no nos han concedido photopass y los
pocos que había están reservados ya. Además, el grupo ha
pedido explícitamente que no se grabe la actuación con
ningún medio desde el público, (incluso se está obligando a
dejar las cámaras compactas en consigna), cosa que se
confirmará con un anuncio por altavoces antes de que
Porcupine Tree salgan a escena. Resultado: además de no
tener fotos propias de la actuación, llegamos tarde al
concierto de Stickmen. Pero dejémonos de lamentos y vayamos
al tema.
Stickmen es un trio formado por los intérpretes de Stick
Michael Bernier y Tony Levin, junto al batería Pat
Mastelotto (los dos últimos, miembros de la legendaria banda
de rock progresivo King Crimson). Apunte instrumentístico:
el Chapman Stick es un instrumento creado en la década de
1970 por Emmett Chapman, guitarrista de jazz. Acostumbra a
tener 10 cuerdas, 5 para bajos y 5 para melodías y acordes,
y se toca normalmente con la técnica del tapping a dos manos;
es decir, que las cuerdas se tocan impactando directamente
con los dedos sobre el diapasón, en paralelo a los trastes
del instrumento. Así, pudimos ver cómo los dos "stickistas"
de la banda eran capaces, en algunos moments, de llevar bajo
y melodía con cada una de sus manos, creando una complejidad
pianística muy interesante. Al llegar, el grupo nos estaba
deleitando con un clásico tema de King Crimson, Red, que
adoptó una dimensión nueva con las 20 cuerdas. Levin se
encargó mayormente del papel de bajista y Bernier de
guitarrista, aunque los papeles eran confusos, ante tal
número de notas a tocar... Algunos temas muy atmosféricos,
con efectos que hacían volar la interpretación del
fantástico trío y la concentración del público; así como
temas de rock progresivo, sólidos y con saturaciones que
hacían obviar la rareza de los intrumentos, sonando como una
poderosa banda rockera. Bajo con distorsión a través del
stick de Levin, mientras Bernier interpretaba acordes
agudísimos, harmonizaciones complejas, voces en algunos
pasajes (sin demasiado sentido melódico en ocasiones y con
un toque de humor) y juego percutivo a la batería para
llevar las riendas de los ambientes a las cuerdas. En
resumen, un concierto muy interesante, lleno de contrastes y
tecnicidades con un instrumento poco usual. Una foto de
despedida al público por parte de la leyenda Levin "para
recordarnos".
Cambio de escenario un tanto curioso... nunca habíamos visto
pasar el aspirador entre grupo y grupo antes, ni tampoco
instalar un escritorio con teclado y un simulador de
amplificador de guitarra encima. Comparado con el concierto
del año pasado en la sala Apolo, la cosa prometía aún más,
como mínimo por el montaje de dimensiones mucho más elevadas
que en aquella gira, así como un mayor número de
instrumentos. Pocas sorpresas musicales iba a haber durante
la primera hora de concierto, pues ya la mayoría de
asistentes habíamos cotilleado por la red y descubierto el
pastel: la pieza "The Incident" sonó entera, de arriba a
abajo y, ante las dudas previas, parece que tuvo un efecto
de lo más positivo. Tal como Barbieri nos comentó en la
entrevista previa, los múltiples cambios y las estructuras
sin fronteras del multi-tema requieren una concentración que
nos hipnotizó desde los primeros acordes de Occam's Razor (uno
de los momentos más metaleros de esa primera parte del
concierto). Nos quedamos con la oscuridad de The Incident,
la dureza de la apertura y de Degree Zero of Liberty, con
los contrastes de Octane Twisted y la complejidad de Time
Flies, por encima de Drawing the Line, el fragmento que
quizá menos nos convenció de la pieza por su estribillo con
aire feliciano más propio del rock alternativo
norteamericano. Con tan sólo una pausa tras The Blind House
para explicar la estructura de la actuación, The Incident
fue desarrolándose como una cadena bastante perfecta de
acontecimientos, con algunos cambios de instrumento por
parte de los miembros de la banda (Colin Edwin cambió entre
bajos con y sin trastes en todo momento), y la
interpretación fantástica a la que ya nos tienen
acostumbrados: sin apenas virtuosismos (quizá con la
excepción de Harrison a la batería), pero como un tejido de
texturas dispares que encaja maravillosamente. Las novedad
más notoria: una gran pantalla donde se proyectaron vídeos
que guardaban relación con cada uno de los fragmentos que
iban sonando. Realmente, el detalle ayudó mucho a
impresionarnos y la puesta en escena mejoró enormemente (no
se puede decir que Porcupine Tree sean por sí mismos el
grupo más movido encima del escenario). Después de una
intensa hora con una muy buena recepción por parte de la
sala, Steven Wilson anunció que se tomarían una pausa de 10
minutos y, cronómetro con cuenta atrás en pantalla,
digerimos la experiencia sonora que nos acababan de regalar
los ingleses.
A la vuelta, el público gritó los ocho últimos números hasta
llegar al cero, y el grupo volvió con The Start of Something
Beautiful, ofreciéndonos Gavin Harrison un buen pseudo-solo
central. Russia on Ice, con su aire melancólico, vino
después, dejando paso a lo que al principio nos hizo fruncir
el ceño pensando "cómo me suena esto pero creo que no
empieza así". Se comieron la primera mitad de Anesthetize
para dar paso a las partes con distorsión a las guitarras.
Teniendo en cuenta el contexto de la gira, y la cantidad de
minutos que dedicaron a The Incident, se comprendió (aunque
nos encante la pieza entera), y el público enloqueció al
terminar, a lo que un Wilson más cercano que de costumbre
contestó "you're the most enthusiastic audience in Europe".
Mejor así que con la antipatía de otras ocasiones, sin duda.
Lazarus fue aquella balada simpática que, a la vez, se hace
algo pesada, y Bonnie de Cat sumó minutos del último trabajo
al setlist. Los efectos que iban cambiando la voz de Wilson
entre una interpretación y otra, fieles muchas veces a las
grabaciones, dieron aún más color a la trabajadísima paleta
de Porcupine Tree en directo. Normal, y Way Out of Here, con
Wesley a la voz principal, fueron recibidas con gran
satisfacción y dieron paso a la única amenaza con marcharse
de la banda, que volvieron después para interpretar dos hits
de In Absentia: The Sound of Muzak y el archiconocido
Trains, que incluyó un numerito bastante gracioso (se
agradece que se salgan un poco de tanta seriedad, estos
ingleses), pero que quizá no hacía falta anunciar antes de
empezar el tema. Agradecimientos de Wilson a nuestro gran
entusiasmo y una despedida calurosa después de unas dos
horas de un concierto realmente espectacular. De lo mejor
que hemos visto este año.
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