
::: DREAM THEATER + OPETH + BIGELF + UNEXPECTED (Pavelló Olímpic de Badalona, 24/10/2009) :::
Texto: X.F. Remorse / Vic Granell (crónica Opeth)
Fotos: Vic Granell
Un día después del concierto en Madrid llegaba a Barcelona,
o a Badalona para ser más exactos, la gira Progressive
Nation, la segunda y última de las fechas en España de un
cartel sumamente interesante. Opeth y Dream Theater, aunque
no siempre tienen un público coincidente (lo cual hizo
quizás que la entrada fuera menor de la esperada) tienen el
denominador común de ser dos grupos de difícil escucha pero
cuya popularidad crece día tras día. Y esto, para una banda
progresiva, es un mérito enorme.
Abrieron a las 18:00 en punto los Unexpected grupo causó
cierta estupefacción entre los asistentes. Una banda de
siete miembros incluyendo una cantante que alternaba voces
guturales con operísticas, un violín y un bajo de ocho
cuerdas, entre otros, creaban un espectáculo visualmente
chocante, y musicalmente no se quedaban atrás: tocaron
prácticamente todos los estilos conocidos en unos ritmos
imposibles que dejaron descolocado al respetable. El sonido
fue muy enmarañado y sin duda tienen personalidad, aunque
mucha gente se preguntó qué hacía ese grupo dentro del
cartel, si no fuera por su vertiente progresiva, entendida
ésta como riffs caóticos, música impredecible y técnica al
instrumento; no en vano el batería era muy destacable.
Y de un grupo ecléctico a un grupo cuyo estilo era mucho más
puro. El paso de Unexpected a Bigelf fue como si se acabara
el período rococó y empezara el neoclasicismo, haciendo un
símil artístico. Bigelf, así, volvió a las “esencias” del
rock: un guitarra, un bajo, un cantante (eso sí, con dos
teclados) y una batería simplísima, con un solo timbal.
Musical y estéticamente herederos del rock setentero,
especialmente de Deep Purple pero sin su virtuosismo, Bigelf
realizó un concierto muy entretenido y efectivo, dejando al
público complacido y más después de que Mike Portnoy se
uniera a ellos en un tema. Rock añejo, pintas más añejas aún
(crucifijos a lo Iommi, pantalones acampanados, americana de
terciopelo morado…) y un estilo directo que viene a
demostrar la heterogeneidad del señor Portnoy en cuando a
sus gustos musicales.
Con el estadio ya a un 60 o 70% de su capacidad, Opeth
aparecieron en escena interpretando un tema que
probablemente nadie esperaba como apertura: Windowpane, del
melódico Damnation. Sorpresa inicial, muy falta de energía
para comenzar y tempo lento que nos avisaba ya, en parte, de
lo que pasaría en el resto del concierto. Al finalizarla,
Akerfeldt ya anunció que no es muy representativa de su
música e hizo público su satanismo. Tras esta introducción
pasaron a Lotus Eater, de su último trabajo, con su
característico pasaje jazz-funk nunca antes visto en la
banda. Con su clásica puesta en escena algo tímida (excepto
por el bajista Martin Mendez), cayó una nueva sorpresa:
Reverie / Harlequin Forest, un tema del Ghost Reveries que
no habían tocado en vivo para dar espacio a los más duros
del álbum. El setlist se iba tejiendo para mostrar más parte
de la cara suave de Opeth y probablemente, adaptarse así a
un cartel y un público poco dado al death metal. April
Ethereal fue muy bien recibida por las y los asistentes, una
gran abandonada en directo del My Arms, Your Hearse.
Akerfeldt siguió con su típico hablar tranquilo, bromista y
soberbio y, ante las risas del estadio dejó caer un "I know
I'm a genius". Qué rabia... Opeth son ya un grupo de primer
nivel dentro del metal europeo, en EEUU se lo están comiendo
todo, crearon una combinación de estilos original y efectiva,
tocada a la perfección en este y en tantos conciertos, pero
parece que al jefe se le han subido demasiado los humos...
Tocar Deliverance (de 13 minutos) con tan sólo una hora de
repertorio pudo ser un error, pero en un festival progresivo
como este no parecía que la duración de los temas fuera un
criterio para tocarlas o no. Se agradeció, sin duda, como la
pieza más potente de la noche (teniendo en cuenta sus
dinámicas y pasajes arpegiados limpios). Para acabar, Hex
Omega, tema final del reciente Watershed, no tocado hasta
esta gira, y también característico por ese aire rockero de
los 70 y la ausencia de voces guturales. Sinceramente,
esperaba que el tercer bolo de los suecos que veíamos en
diez meses no nos sorprendería mucho, pero en este sentido
fue perfecto: no repitieron más que un tema de los que
cayeron en la gira del Watershed (que pudimos presenciar en
la sala Apolo de Barcelona y en el Summer Breeze). Seis
canciones, entre las cuales encontramos brillantes outros
con compases de amalgama, una hora de gran calidad
interpretativa pero intensidad más bien media y entrega al
público, como siempre, cogida con pinzas.
Pocos minutos después de las 22:00 entraba escena el plato
fuerte de la noche, Dream Theater. Se trata de una banda que
ha sobrepasado el estatus de grupo “elitista” encuadrado
dentro de un género minoritario, para erigirse sin duda en
una de las bandas más grandes de la historia del metal. Y
supieron responder a esta condición con un espectáculo
total, es decir, no sólo aportando calidad a nivel musical
si no también, como muy bien nos tienen acostumbrados,
ofreciendo un buen show en su aspecto audiovisual: pantallas,
buen sonido y escenografía sobria pero efectiva. El
repertorio escogido tuvo diferente acogida, aunque se podría
considerar que a la mayoría de gente le satisfizo bastante.
¿Qué pasaría si en un concierto Metallica no tocara nada ni
del Master of Puppets ni del Ride the Lightning? Seguramente
el público no quedaría muy contento. Dream Theater no tocó
nada ni del Images & words ni del Awake, y aún así la gente,
por lo general, quedó bastante contenta. El set-list se
compuso de sólo siete temas, porque predominaron las
canciones largas, cuatro de los cuales pertenecían a álbumes
posteriores al Six negrees of inner turbulence…es decir, los
discos más “actuales”.
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Abrieron con A nightmare to remember, un extenso corte con
el que empieza su último trabajo, “Black clouds & silver
linnings” y que gana con las escuchas. Quizás es un tema
demasiado largo para empezar un concierto, pero es que Dream
Theater rompe moldes y las sorpresas pueden ser constantes.
Este tema fue sin duda bien acogido por la audiencia.
Continuaron con el siguiente track del álbum, A rite of
pasage, un tema más “fácil” y que no parece ser del gusto de
los fans más acérrimos.
Un pequeño solo de guitarra introducía las notas básicas de
Hollow years, la única concesión de la banda a un tema de la
anterior década. Se podría afirmar perfectamente que en este
tema del Falling into infinity se vivieron algunos de los
momentos más emocionantes del concierto: por la emotividad
con que fue ejecutado y, supongo que también, porque la
gente quería empezar a oír clásicos, después de dos temas
nuevos. Sin duda Hollow years fue, sino el que más, sí uno
de los momentos más brillantes de la noche.
Le siguió un solo de teclado, en el cual se puso por enésima
vez de manifiesto que Jordan Rudess es de otro mundo (por si
a alguien no le había quedado claro aún) y continuó el
concierto con Profeths of war, un tema inédito en sus
repertorios anteriores, y es que no la habían tocado en el
tour de presentación de su penúltimo disco, “Systematic
Chaos”. No es de los mejores temas del álbum, pero contiene
un riff muy efectivo y unos coros en el estribillo ideales
para ser cantados en un concierto.
Le siguió Sacrificed sons, del Octavarium, un tema épico
aunque quizás demasiado largo para un concierto tan corto.
Las imágenes del 11-S proyectadas en la pantalla
complementaban perfectamente la música y la temática de este
tema dedicado a los héroes caídos en el ataque de la torres
gemelas del 2001.
Los que conocían el set-list de Madrid quizás esperaban
ahora un clásico como Pull me under. Y, siguiendo su línea
de no dejar de sorprender, Dream Theater atacó un tema en
las antípodas de la “comercialidad” (muy relativa, por
supuesto) que es el famoso single del Images & words: la
banda neoyorquina sacó su lado más técnico y virtuoso con
The dance of eternity, un tema instrumental de su celebrado
Metropolis Pt.II: Scenes from a memory. Éste es el típico
tema que deja embobado a la gente porque su nivel de
virtuosismo es superlativo. Es difícil discernir la mirada;
si te centras en observar uno de los componentes del grupo
te dejas los otros tres; por suerte, en momentos así la
pantalla se partía en cuatro partes, para poder gozar de los
cuatro componentes a la vez, y ese es un detalle de
agradecer.
El siguiente en caer sería In the name of God, última
canción del Train of thought que, como bien saben aquellos
que han visto el DVD “Live at Budokan”, gana muchísimo en
concierto. El solo de teclado y guitarra es suprahumano y
una auténtica gozada poderlo ver en vivo, mientras que el
final es apoteósico y, a pesar de un tema largo, muy bueno
para el directo, puesto que permite hacer unos coros épicos
hacia el final.
El bis de la noche fue la última de las canciones de su
último trabajo, la larguísima The count of Tuscany, un tema
que sintetiza tanto el estilo como las influencias de Dream
theater: un inicio tranquilo y elaborado, una estrofa
melódica y cañera a la vez, un solo muy técnico, una parte
intermedia que recuerda a los largos pasajes del rock
progresivo del que tanto beben y un final muy sentido, que
entra con la guitarra acústica y va subiendo de intensidad
hasta un nivel magistral. Un buen final para un concierto
con pocos pero largos temas, en el que Dream theater, a
pesar de que quizás no brindó las típicas sorpresas a los
que nos tiene (mal) acostumbrados, demostró su inmensa
calidad e intentó contentar a su variado público ofreciendo
un set list equilibrado entre su vertiente más metálica y su
vertiente más progresiva; un repertorio variadísimo de riffs
duros, coros épicos, solos virtuosos y pasajes
instrumentales envolventes. Quizás no fue su mejor concierto
en nuestro país, pero realmente es difícil que este grupo dé
un mal espectáculo.
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