Hace mucho que King’s X
se han convertido en una banda “de culto”, esa dudosa expresión que
muchas veces viene a decir que estamos ante un grupo con el que
pocos se atreven a meterse (si exceptuamos cierto redactor de cierta
revista española que los calificó de “rock alternativo para todos
los públicos”), pero del que pocos pueden decir haber oído cuatro o
cinco discos o haberlos visto en directo. Claro que en España lo
llevamos, precisamente, claro para verlos sobre un escenario, pues
si la memoria no me falla, nunca se han acercado por estos lares. La
cosa está clara: King’s X han pasado ya para siempre a ese estatus
de grupo “maldito”. Atrás quedaron de modo definitivo sus ventas
casi millonarias a principios de los noventa, cuando se les metió en
el mismo saco que a Janes Addiction, Red Hot Chilli Peppers (estos
sí que han tenido suerte), Mindfunk (con los que llegaron a
compartir escenario), Faith no more o Living Colour. En esos tiempos
sí vendían muchos discos, pertenecían a la escudería Elektra, y se
puede decir que Kings X pusieron su grano de arena, bastante grande
por cierto, para la aparición del rock alternativo, del funk metal y
del grunge, tres escenas que nunca los acogieron como propios,
porque realmente poco tenían que ver con ninguna de ellas. Si acaso,
se pueden encontrar similitudes entre lo que hacían ellos y lo que
tocaban hace casi veinte años gente como Living Colour, pero pare
usted de contar.
En todo caso, hay que
decir que estamos ante un trabajo de una factura impresionante,
ejecutado con una maestría que, en estos tiempos de cinismo en los
que se echa tierra encima de los artistas que hacen bien su labor,
no está lo suficientemente valorada, ni mucho menos. Un disco más en
la extensa discografía de un grupo que lleva ya más de veinte años
sacando discos de elevada altura, y aquí en este trabajo detectamos
una vena un tanto más dura que en su anterior plástico “Ogre tones”,
con unas guitarras muy afiladas a cargo de Ty Tabor, quien encuentra
además, y como su compañero al bajo y vocal Doug Pinnick, espacio y
tiempo para sacar discos en solitario.
El sello Insideout se
está moviendo para meter en su escudería a gente de muy alto nivel.
King’s X puede que sean uno de sus mejores fichajes, tan buenos como
Dream Theater pero con la décima parte de popularidad. Porque King’s
X no han sabido o no han querido decantarse por ninguna escena,
identificarse con ningún movimiento, y a pesar de que, como decimos
y habéis visto, ficharon hace mucho tiempo para Insideout, tienen
pero muy poco que ver con el metal progresivo o siquiera con el rock
progresivo. Sus temas son más bien hard rock de toda la vida, con la
acariciante voz de Doug Pinnick, encarnando a un Phil Lynnot de Thin
Lizzy en nuestros días. Un vocalista con un talento enorme y unas
ganas de hacer las cosas como se deben hacer. El disco presenta unos
riffs de guitarra muy duros, Ty Tabor ha sacado su parte más heavy
para un cedé que mantiene el listón altísimo, por eso tal vez sean
no muchos los que se aventuren a descubrir la música de un grupo que
debería llegar a las masas. Las cosas están mal en el mercado, pero
siempre debería haber un sitio para un combo de esta magnitud.
Enormes genios todos ellos, pardiez.
Antonio Duncil.
King´s X - Allright
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